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al abismo…

9 noviembre 2007


Todo está dado, todo esta allí, frente a nosotros, pero no lo vemos, o por lo menos algunos no lo vemos, o bueno, yo por lo menos no lo veo. Pero todo es tan claro, todo se inserta en la imaginación, en la podredumbre de la mente, allí está todo, no basta sino acercarnos un poco y el mundo se nos avalancha como el día, nos toma del pescuezo y nos aprieta, nos da dos bofetadas, nos despeluca y nos viola sin darnos cuenta. Y seguimos ahí, estáticos, congelados, prensados en un catastrófico ciclo en la que hay que reproducirse, buscar fama y dinero, conocer el mundo (qué pretenciosos somos) querer, amar, odiar, llorar, sufrir, orinar, tirarse un pedo en el mar, todo en más o menos (según la intensidad de nuestros vicios) en seis, siete décadas. Y es todo lo que tenemos, el que no aprovechó, se jodió. Algunos eligen su camino rápidamente: ser profesor de escuela (o de universidad si hay suerte), ser ingeniero o político, otros más tristemente osados se arriesgan a ser escritores o algunos más suicidas se arriesgan a ser poetas y llegan a viejos creyendo en su eternidad, pero todos ven que allí, en ese minúsculo lugar geográfico en donde se ubican, en el ostracismo de sus calzoncillos, en ese diminuto detalle de la domiciliación está su lugar en el mundo; otros no vemos nada, simplemente queremos estar, vivir como parásitos enganchados en la superficie del planeta esperando, simplemente esperando, queremos caminar, reproducirnos, encontrar la fama y el dinero, queremos amar o odiar, tirarnos ese pedo en el mar, buscar el cinismo que nos permita recorrer el camino de las hormigas, con una hoja en la espalda y oliéndole el culo al de adelante, y es allí en donde la casualidad, el destino, el azar, entra a jugar un papel fundamental en nuestras parsimoniosas vidas, porque no buscamos nada, simplemente existir, nuestra domiciliación no tiene número, nuestra domiciliación es allí en donde el mundo nos quiera vomitar. Tal vez terminemos como profesores o como ingenieros, también, tal vez, terminemos como políticos (que los dioses no lo quieran así(?)), o tristemente acabaremos como escritores o poetas, el caso señores, es no buscar nada… hay talento? Hay algo que nos permita distinguirnos de la urbe cotidiana? Simplemente hay que sentarse en un viejo sofá o sobre el tapete sucio de esa habitación anciana, mientras vemos alguna película sin sentido, leemos un libro que no entendemos o escribimos cosas estúpidas como ésta y esperar a que el mundo nos saque la lengua y nos de el empujón que nos falta hacia el abismo insalvable de la mediocridad.