El viaje menor I.


Hacia el risoma.  ¿Qué fue lo que me dijiste cuando salíamos de aquel bar de la Rue Saint Denis? Paris no acaba nunca, diría entonces Hemingway. En París el risoma desaparece en Pont neuf, como en Madrid se gana la vida en algún bar de Argumosa.  Que vida aquella, tú sentada esperando una palabra y yo parloteando sin decir nada.  Al final el lenguaje es algo más que esa rosa robada de un jardín cualquiera o que el rostro sutil del miedo, también están los pequeños escalofríos y los breves dolores de espalda que se escapan en ese momento en que te animas a darme un beso.  Caminando por la Candelaria me encontré con un francés de unos 60 años.  Me invitó a tomar café y aunque quise hablarle en francés el siempre guió la conversación en un español digno de lágrimas.  Me contó la historia de un colombiano en Francia que hablaba un francés digno de carcajadas, pero del que se había enamorado por esa manera latino- americana de reír y de mirar, era un colombiano hijo de la guerra y de la pobreza, murió apuñaleado en una pelea por defender a un amigo Marroquí que se había enfrentado a una pandilla de franceses en un banlieue, todo el mundo pensó que era árabe, nadie le ayudó, ni su amigo.  En Francia los colombianos son colombianos, en Colombia los colombianos quieren ser franceses, me dijo con voz temblorosa mientras se tomaba de un sólo golpe un aguardiente doble. En Barcelona el mar muere en Montjuic y los artistas se venden caro a los nórdicos en las ramblas, los argentinos quieren ser italianos, los ecuatorianos españoles, pero nadie quiere ser catalán. en el Carrer del Perril, en donde viví una breve temporada, en pleno barrio de Gracia, viví mi último contacto con lo que pudo ser el amor: desgracias. El amor se cansó de señales, de lenguajes, de miserias. Una falda corta puede provocar una catástrofe, pero también puede ser la escapatoria momentánea, muy momentánea a veces, a un nuevo comienzo.  En París nunca te entienden, porque no quieren entenderte, la mujer francesa sólo te entiende si no le hablas. En montmartre una mujer me preguntó algo y como no le contesté me besó, nunca le entendí lo que me dijo, pero entendí lo que quería. Es la estética del deseo, ya no hay palabras, somos cuerpo y desde el cuerpo nos hacemos dioses y esclavos. La manera más fácil de ligar con una mujer en Lille, es mirarle los pies y subir la mirada lentamente hasta llegar a sus senos y si luego le miras las orejas verás lo vacío que es el amor;  nunca la mires a los ojos, o se enamorará de ti.  Entonces le dije al viejo: yo en Colombia soy bogotano, en Europa soy Latinoamericano y en el Aeropuerto soy narcotraficante, es una tragedia. el viejo sonrió y me respondió: yo en Francia soy francés, porque nadie quiere ser de París, en Colombia soy parisino, porque no tengo otra opción, la patria se vende barata en estos países, en Europa la patria es la lengua y vale una guerra…para mi “la patria es una mujer”. Se tomó de un zarpazo otro aguardiente doble.

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