Poema XXVII


De ser otro me consuelo con la inconstancia de mis día,
y la intuición de estar sentado olvidando la suerte y reprochando el mundo…
el olor de la podredumbre, la marca borrosa de mil mujeres
y mil dolores que te atraviesan como el miedo, como la locura
y te dejan agónico al borde de esos ojos,
de esa mirada que te transporta hacia lo que siempre será la compañía,
para reírte de ti mismo, de tus palabras absurdas
y de la insospechada, tramposa
y siempre sorprendente manera en que te derriba la razón

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