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Mujer abismo

18 julio 2009

Soy el hombre más sencillo que existe, pero cuando siento un “grito” en mí, no acepto transformarlo en una “vocecilla” para complacer a los mudos y a los tartamudos. Pues yo no deseo agradar a nadie, ni tener discípulo ni ser discípulo. He venido a este mundo por algunos instantes y quiero lanzar un grito y partir”. Nada más.

Nikos Kazantzakis

“La noche tiene la forma de un grito de lobo”

Alejandra Pizarnik

Ok, Cuando me canse de gritar te diré lo muy estúpido que me veo, pero gritar me hace bien, desde siempre ha hecho bien un buen grito, o que lo diga Munch, que no solo se atrevió a gritar, sino además a pintar un grito, valiente pintura, valiente manera de escupir el desahogo.  Hoy he querido gritar muy alto, arrojar toda esta basura que guardo dentro y que se convierte en suspiros o en dolores momentáneos de estómago, en náuseas como cuando estás enamorado,  cuando sientes esa melancolía en la garganta, cuando sientes que estás perdiendo a alguien y no hay vuelta atrás o no hay arrepentimiento, todo eso hace mal guardarlo allí, dentro, te hace huraño, te hace triste, te hace pendejo.   Por eso yo grito, y grito muy alto, porque lo que tengo acá es mucho, y es mucho más en mi soledad, pues aunque valgo todo, sólo tengo un par de deudas, un par de deudas enmarcadas en tu ausencia, en mi fracaso, en mi mediocridad ensalzada en escritos que no dicen nada.  Ahora grito más duro que nunca, porque se que te me vas a pedazos pero que intentas sostenerme suavemente con momentos lúbricos y claros de belleza.  Eres una mujer abismo en donde un grito tiene eco,  grita, grita con toda tu fuerza y  responderás de la misma manera y serás la última en responder.  Y Me gusta gritar allí, al abismo mujer porque se que la respuesta siempre será la misma, siempre pierdo, allí dejo todos mis pulmones, pero ella no se cansa de responder, el abismo se hace infinito.

Grito, avísame de tu ausencia

Para tragarme mis palabras

Para tragarme mi dolor y mis nauseas

Para conformarme con la desnudez

Con el certero bramido de una ola

Que grito descansa

Sin mis miedos,

Sin el punzón de un puñal en mis entrañas

Sin la lágrima en la garganta

O la amargura del bosque en niebla.