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MADRID II: SANTA MARÍA DE LA CABEZA

17 abril 2010

El Paseo Santa María de la Cabeza que comunica el Río Manzanares con el sur de la ciudad, fue construido, junto con otros paseos aledaños (para el bienestar y ocio de los ciudadanos) por Fernando VI también llamado el Prudente o el justo, como prefieran.  Este Paseo parte en dos los barrios de Acacias y la Chopera (que alguna vez vio un molino entre sus calles “el molino de la Arganzuela) y atraviesa, tocando levemente el barrio Delicias, por Palos de Moguer hasta el barrio de Atocha, todos pertenecientes al distrito de Arganzuela.  Allí, justamente, en donde el Paseo Santa María de la Cabeza se intercepta con la ronda de Atocha, en donde ahora sobresale el monumental Museo de arte Reina Sofía que cobija, por obra y gracia de un milagro, la descomunal e inspiradora obra de Picasso “El Guernica”, a 5 min de la estación de trenes de Atocha a unos pocos paso de el mítico barrio Lavapies, vivo yo. O revivo yo en esta ciudad.  Paseo Santa María de la Cabeza Número 11; que inspirador.  Abajo,  justo antes de entrar a mi edificio, hay una cafetería Gallega en donde me he comido unos bocatas (de chorizo, pepito de ternera, baicon) y unas tortillas de patatas espectaculares.  En la recepción: el siempre y bien aventurado “Don Pedro” quizás el conserje más feliz del mundo, todo es “fenomenal” como él dice.  Esta extraña ubicación, entre tiendas baratas, peluquerías, cafeterías y restaurantes latinos,  me proporcionan placeres urbanísticos inusitados como también estéticos y vulgares.  El placer vulgar es el mejor, eso lo tenemos claro los Latino americanos. En esas tierras lo vulgar roza con lo cotidiano y por tanto es invisible.  Acá no, en este Paseo nada es invisible,  acá solo deambulamos los que vivimos.  Los guiris se quedan en ese triángulo poderoso que se crea entre el Reina Sofia, Mcdonals y el Paseo del Prado, ellos no se animan a pasar esta frontera llena de mística, de color a pueblo y de grande avenida. Pero así es, el Paseo Santa María de la Cabeza (que nombre más exótico, me suena a queso, no sé por qué) es para los valientes, para los desinteresados y poderoso caminantes de esta ciudad. Corte de pelo por menos de 10 euros, restaurantes chinos, bazares chinos, plaza de mercado, restaurantes ecuatorianos y latinos, en especial un antro-cafetería que recomiendo por su aspecto underground, en donde se pueden hacer pesquisas urbanas de alto riesgo, “la Guacatala”: de Colombia con amor; Tensión, terror y suspenso asegurado.  También encontramos sobre este paseo, una bomba de gasolina casi abandonada, un cerrajero que no abre nunca, un mendigo antillano que bebe vino en vaso, unos croissants exqusitos (calidad francesa) hechos por unos rumanos, estudiantes, un italiano, una vasca (muy seria) y una linda Aragonesa.  No podía ser sino aquí en Santa María de la Cabeza, este Aleph heterotópico (disculpen la redundancia) en donde ruedan mis días, que un Colombiano, con ganas de no serlo, podría vivir.