Archive for 30 julio 2010

Aeropuerto Paris-beauvais

30 julio 2010

7:20 a.m. El despertador lanza su grito de guerra. Con la poca conciencia que tengo y los ojos entreabiertos, cambio la alarma. Quiero dormir!

8:00.  El despertador lanza su grito de guerra por segunda vez. No tengo más remedio que levantarme y asumir la realidad. Torpemente llego al salón, me detengo un instante, me rasco una nalga, quizás la cabeza también;  me doy vuelta. Primero tengo que ir al baño. Vuelvo al salón, enciendo el ordenador, me preparo un café, me vuelvo a rascar la nalga, quizás la cabeza también, leo las noticias, mis emails, elimino los mensajes que traen deudas sin leerlos  y me preparo para la ducha.  Veinte flexiones, me quito la ropa, cojo mi barriga, demonios! estoy hecho un gordinflón, intento 5 flexiones más, me ducho. Todo está preparado, mi mochila está bien empacada, mi pasaporte, (condenado pasaporte de un país infame) me visto lentamente, me veo más viejo en el espejo, busco otro en donde me veo más fuerte y menos calvo ¿cuántas realidades puede contener un espejo? Ya todo está listo.

9:15. Estoy en el RER, todo es un infierno, la gente se empuja, sin quererlo quedo al otro lado de la salida, mi mochila es un estorbo para todos, quizás sea uno de los hombres más odiados en ese instante, sobre todo cuando tengo que bajar, Pardon!, Pardon!, las miradas no son amables.  Dudo de la ruta que normalmente tomo para llegar a Porte Maillot, creo poder descubrir un atajo. Soy astuto.   Tomo la decisión equivocada, me bajo en Saint-Michel para acortar el camino por una ruta sospechosamente más rápida., pero no es así, el RER C está en obras. Pierdo 15 minutos, demonios! De regreso, todo se repite, las escaleras eléctricas – 50 euros vale el abono y nunca funcionan, menos mal yo nunca pago, no me puedo quejar- los corredores, el andén. Estoy de nuevo esperando el tren.  Debo aprender a no ser tan astuto cuando nunca lo he sido.

9:55.  Llego corriendo, París está nublado, gris, parece que va a llover, pero hace calor, ese calor que moja la espalda y mucho más si cargas 10 kilos sobre ella. Hay mil personas (la exageración puede ser real, jamás los conté) tengo que comprar el billete del bus, hay 5 vuelos cancelados, pregunto por el que va a  Madrid,  un dedo inquisidor me señala la lista de vuelos que no saldrán hoy, no pasa nada, todo en orden, Madrid no aparece.  Hay muchos italianos que discuten con el señor que vende lo tickets del bus.  No entiendo nada, no parecen muy contentos. El vuelo a Bari no saldrá sino hasta dentro de dos días.  Grève des contrôleurs aériens.

10:20. Estoy en el bus, rumbo a Beauvais, el aeropuerto mentira de Paris, a 1h y media. Una mierda. No puedo dormir, me pesa mucho la cabeza, siento que tengo la boca abierta, que babeo, que todos me miran.

11:42. Entro al aeropuerto, todos quieren hacer el check-in de primero, yo también.  Preparo mi pasaporte, con la mano intento que nadie vea de dónde es, llego a la ventanilla, mi mochila parece demasiado grande para el ojo de la azafata. La tengo que medir, tengo que lograr que entre en un diminuto espacio, forcejeo, al final entra, forcejeo de nuevo para sacarla, una señora me sostiene el medidor de maletas (el malemetrónomo), sin ella la misión hubiera sido más complicada. Satisfecha la azafata me devuelve mi pasaporte con el check-in realizado.

12:01. De nuevo el “malemetrónomo”, pero a la entrada de la sala de espera, esta vez  me costó más trabajo sacar mi mochila, sospecho que el “malemetrónomo” era más pequeño. Revisiones habituales, rayos X, etc, estoy dentro, lo logré, no me queda sino esperar.

13:50. Mi vuelvo debía salir a las 13:05, olvide traer un libro. Una voz de ultratumba anuncia el retraso del vuelvo, hasta las  15:40. Son las 14:49. Este ordenador arde y quema mis piernas. Estoy más aburrido que un pito.

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LA VENTANA

1 julio 2010

La ventana desnuda que me despide con un trazo de  50 años, de 50 generaciones de imberbes, de tontos, de ciegos, y allí estaba yo, entre los tontos, los imberbes, los ciegos, allí frente a la ventana, esperando el agua, esperando el frío del nostálgico otoño y el calor del puto verano (el verano es una puta, Cuando no tienes con quien más salir) los dolores de cabeza, la ternura de miradas, de voces que me nombraron durante años, el tiempo que se escondía detrás de un viejo refrigerador que no contenía nada, nada más que mi flacura. La ventana en una ciudad con falo, dentro de otra Ciudad que esconde relatos,  narraciones vacías e itinerantes.  Esos personajes parpadeantes que se sentaron conmigo, con un café en la mano, con la soledad en el cuerpo y las ganas de hablar de nada, proyectos perdidos, cuentos mal escritos, la ventana que ardía y quemaba las palabras que escribía.  Allí en esa ventana, pasaron los días, los amores, el licor, la poesía que robaba, las noches que me empujaban a perder la cordura, esa mancha de vino en el suelo que nunca se fue, esa luz de peluquería barata que iluminaba el polvo y los ruidos confusos del miedo.  Nombres somnolientos e innombrables  que miraron por esa ventana o huyeron sin explicación. La ventana que me despertaba, escondida tras dos cortinas verdes, con el olvido que se estrellaba contra los vidrios, esa ventana perezosa que vomitó sueños y encuentros, ahora desaparece, ahora da a otro lugar.