Pequeñas historias de hombres y mujeres que saltan

III. El Azar

A Gilles Deleuze le importaba el azar.  Le interesaba escudriñar entre los trazos más nobles de la realidad, esos que no puede medir el tiempo.  He ahí su fijación por la imagen, y su adoración por la que sería su película favorita de la nouvelle vague, esa obra maestra de Éric Rohmer llamada “ma nuit chez Maud”. Allí Rohmer dibujaba, en su estructura, ese pensamiento sin imagen, en donde el tiempo y el azar son fundamentales.    Su personaje favorito era Maud, porque estaba dispuesta a jugarlo todo por amor. Maud, temerosa, pero dispuesta a todo lo posible,  invita a ese joven ingeniero, interpretado por Tringtinant, a pasar la noche con él.   Contrario a lo esperado, él se rehúsa, ¿por qué? porque Maud no representa el ideal de mujer que tiene en mente.  Eso es el azar, el riesgo del pensamiento; antes de la identidad está la diferencia y la repetición.

Deleuze dictaba sus famosos cursos en Saint Denis, en donde podía sacar de clase a un estudiante que no estuviera atento o discutir horas alrededor de una pregunta intempestiva que lo sacara de su órbita académica.  Le gustaba caminar por el bois de vincennes y sentarse en algún banco con alguno de sus estudiantes y hablar de la vida “hay vidas en las que las dificultades alcanzan el prodigio” decía; Quizás no sea una mera casualidad que su último artículo, “La inmanencia : una vida”,  tan incomprensible (para mi) como muchos otros, hablara de eso precisamente,  de la necesidad premeditada de vivir porque si, del campo trascendental, de la inmanencia del sujeto. Claramente no lo entendí.  Hablaba del hombre y su relación con las creaciones de la vida, como la escritura,  el pensamiento, la mente “ la vergüenza de ser un hombre ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir?” se preguntaba en ese breve ensayo titulado “la literatura y la vida”.  Para él eso era el hombre, una vergüenza, por eso no valía la pena vivir más allá de lo que el azar le deparara, el azar que podía acabar con el mundo, con una especie, por eso el pensamiento ( “el cerebro no es una materia enraizada ni ramificada” escribe en “mil mesetas”), por eso la imagen, por eso el delirio, ¿qué era la literatura para él? sino un delirio, el paso de la vida al lenguaje, decía.

Sus estudiantes cuentan que usaba las uñas largas, que tenía un aire desaliñado, como de detective privado; yo lo imagino como el Philip Marlowe de Raymond Chandler o como cualquiera de los “duros” detectives creados por Dashiell Hammett, como Sam Spade, con gabardina y sombrero, mirada cínica,  seductor, pero al mismo tiempo despreocupado de toda estética mundana.  Igual su imagen era otra, quizás él mismo era un ejemplo de su propia filosofía, de su propio rizoma.  No le gustaba dar conferencias en el extranjero, pero decía que desde su oficina podía viajar a cualquier lado.  El sabía que al final eso era la vida, un viaje de imágenes, de creaciones, de pensamientos.  Todo, al final,  son suposiciones; eso también es la vida.  Deleuze comentó alguna vez a uno de sus estudiantes que la única conclusión lógica de la existencia era el suicidio “el supremo gesto de rebelión contra las leyes de la necesidad”.  El 4 de noviembre de 1995, desde la ventana de su casa, en el 84 avenue Niel en el distrito 17 de París, Gilles Deleuze, a sus 70 años, convencido que carecía de sentido morir en una cama, tuvo la potencia de saltar.  

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4 comentarios to “Pequeñas historias de hombres y mujeres que saltan”

  1. Nicolas Cuervo Ballesteros Says:

    Me parece un despropósito avanzar en temas que, se sabe, no llevan a ningún lado (a menos que Camilo crea en la permanencia del alma)….
    Por otro lado, donde está el profundo análisis de la construcción social del azar? y del suicidio? este último tema daría para un clásico de la sociología !
    Saludos

    • causeche Says:

      Estimado nico, lo que a mi me parece un desprop’osito, y d euna mentalidad tremendamente cerrada, es pensar que no se puede avanzar en estos temas, porque para empezar en estos temas no se avanza, pues no hay sentencias elaboradas que nos permita dar raz’on exacta de estas minucias. Si eres un poco m’as observador te dar’as cuenta que toda la literataura, el cine, el arte en general durante toda su historia ha tratado de explicar, desde infinitos puntos de vista, temas como el amor, la muerte, el azar, o el alma a la que tanto le tienes miedo; y lo m’as maravilloso es que no dejar’a de hacerlo. Creo que pensar en el agotamiento o en el fin de algo o en que ya todo est’a dicho, es de un dogmatismo oscurantista de miedo. Por otro lado el profundo an’alisis sobre la construcci’on del azar y del suicidio evidentemente no lo encontrar’as en un blog que se preocupa de todo menos precisamente de hacer una monograf’ia o una tesis sobre estos temas, as’i que si buscas eso, es mejor que vayas a una biblioteca y te leas a Durkheim o goffman, que se yo, ellos si han tratado de explicar todo eso de esa manera acad’emica que buscas. un fuerte abrazo. 😉

      • Nicolas Cuervo Ballesteros Says:

        Me siento incomprendido… y ridiculizado sin causa justa, tres puntos:
        1. La entrada anterior de este mismo blog nos ofreci’o un agudo analisis del origen social de la fealdad (profundo y elabrado, a pesar de ser una entrada de blog)
        2. Mi preocupaci’on por las tendencias saltarinas de Camilo son interpretadas como miedo al amor, incomprensi’on del cine y la musica… y no! yo me considero muy culto (bueno, tal ves no tanto), pero si tengo la capacidad de amar
        Saludos y un abrazo

      • causeche Says:

        Nunca ser’a la intenci’on de quien escribe este blog ridiculizar a sus lectores…eso jam’as! y mucho menos a uno de los m’as fieles seguidores de estos intersticios. Estamos de acuerdo en que la capacidad de amar debe seguir siendo una constante en momentos en donde todo es liquido y ef’imero. Un Gran abrazo.

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