Dedicatoria

Hace poco, en uno de esos mercadillos de antigüedades y cosas viejas de los domingos, cerca de Père-Lachaise, compré un libro por la simbólica suma de 25 céntimos de euro. Prácticamente un regalo. El libro: “Sur Clausewitz” del maestro Raymond Aron.  Era evidentemente una edición antigua de hojas amarillas y con algunos pasajes subrayados. Parecía de alguien que lo había leído y lo había trabajado concienzudamente.   Pero lo que realmente me sorprendió, con a penas haberle echado una ojeada ligera mientras iba camino a mi casa, fue que en su segunda hoja había una dedicatoria:

“Paris, 22-11-89.

Pour Amédée, un texte que tu connais déjà.

avec estime

Guillaume”

Eso me hizo pensar y preguntarme muchas cosas, entre otras ¿por qué razón una persona abandona un libro que le ha sido dedicado? ¿Acaso un libro con una seña tejida a mano sobre el papel, no lo hace único?  También me hace pensar en las vueltas que tuvo que dar ese libro para caer en mis manos.  Un libro que hace más de veinte años ocupaba un lugar en la biblioteca de alguien, en este caso de un tal Amédée y ahora, de repente, se encuentra en un pequeño mercado de las pulgas sobre la acera de una calle de París, acompañado de otros tantos libros quizás con tantas otras dedicatorias en su interior, un libro abandonado por su dueño o extraviado en algún momento repentino, un libro que extrañamente ahora es mio; ese libro tiene una historia y comienza con esa dedicatoria de caligrafía tan francesas  que lleva la marca de algo que parece un simple homenaje y que jamás descifraré. ¿Sabrá Amédée, que ese libro que le fue regalado para una ocasión especial, quizás, o simplemente como una cortesía,  en ese otoño del 89, se vendía a 25 céntimos en ese mercado? No lo creo, quizás Amédée ya no existe, como puede que no existe su biblioteca; lo que realmente queda es esa dedicatoria, que a la vez es lo único que realmente no me pertenece y lo único que en su extrañeza me es ahora auténtico.

Estoy convencido que ese claro ejercicio que se hace a mano sobre la primera o segunda hoja, llevando un mensaje de agradecimiento, de amor, de felicidad contiene elementos a veces mucho más emocionales que el contenido entero o las numerosas páginas del mismo libro.   A fin de cuentas cuando reabrimos un texto que nos han regalado lo primero que vemos es eso, una dedicatoria.  A mi, por ejemplo, me gusta dedicar los libros que regalo, porque un libro no se regala al azar, en el fondo intento que exista una relación entre el libro que regalo y a quien va dirigido.  Es una cuestión de aprecio, de solemnidad, de decencia que garantiza un valor añadido y emocional irreemplazable.  De hecho no me gustan los libros que me regalan y que no llevan un breve mensaje, algún dibujo,  una fecha, un nombre, algo que le de ese toque especial , que le de alma, que genere ese vínculo intransgredible entre el objeto y las personas implicadas.

Recuerdo cuando cumplí 15 años y mi Papá me regaló “Ética para amador” de Fernando Savater.  Tenía en su segunda página una dedicatoria hecha con bolígrafo verde invitándome a amar los libros y a querer la lectura como él lo hacía. La dedicatoria estaba firmada por él y por su segunda esposa. La dedicatoria en si marcaba un hecho, en un tiempo, y muchas otras cosas que ya no existen. De “ética para amador” recuerdo de que trata, pero nada más,  pero lo que realmente quedó en mi cabeza fueron esas breves palabras cargadas de tanto significado y que aún hoy en día siguen marcando el gusto y mi relación con la lectura.   Una dedicatoria marca también el inicio y el fin de muchas cosas: de relaciones, de amistades, de miedos, de engaños.   Tengo en mi memoria y en mi biblioteca muchos otros libros con gratas dedicatorias: dedicatorias de los mismos autores, de mi papá y de mi mamá, de amigos entrañables, de grandes compañeros, de profesores, de amores y desamores, muchas dedicatorias sobre textos que ni recuerdo.  Ahora mismo pienso en una de las más gratas que me han hecho escrita sobre esa fabulosa novela de Javier Marías llamada “Mañana en la batalla piensa en mi”;  entre sus primeras página se encuentra, en  menos de dos frases (que  traslucen la necesidad de una amistad, más allá  que de cualquier otra cosa)  el fin de una relación;  esa dedicatoria me hizo entender que había ganado una amiga,  la mejor. Eso fue hace algo más de 7 años, cuando vivía en Madrid y era igual de  flaco y pobre que ahora; y allí están el lugar y la fecha, algo que es inamovible, algo que ya no puedo cambiar.  La novela es fabulosa, la dedicatoria: trascendental. Una dedicatoria que señala un acontecimiento, aunque solo vuelva a éste cuando ojeándo la novela, antes de prestársela a alguien o cuando simplemente redescubro el libro buscando alguna cita o algún dato útil, me percato de aquellas palabras escondidas en mi propia historia.

Esto me lleva a confesar algo.  La primera vez que robé un libro fue de la extensa biblioteca que mi Papá había trasladado hacia su nueva casa, en el centro de Bogotá.  Era un libro de poesía,  yo tendría unos 14 años, y mis padres estaban separados. “Preguntas al azar”, así se llamaba, de Benedetti y lo recuerdo ahora tan claro, porque hace unos 7 meses, cuando estuve en Colombia lo volví a encontrar. Yo  andaba husmeando  por la otra parte de la biblioteca, la que le correspondió  a mi Mamá y que ahora estaba en la casa de mi abuela, y entre toda clase de libros, entre ellos los que acumulé en mis años universitarios, todos llenos de polvo y ya descoloridos, pasando por el estante en donde están los textos de poesía (en mi casa siempre hubo muchos libros de poesía, poesía española, poesía latinoamericana, colombiana, poesía francesa, mucha poesía)  del azar saqué uno de ellos, uno pequeño, con un lomo al que ya no se le podían leer las letras y cuyas hojas amarillentas dejaban entrever el tremendo paso de los años. Lo sorprendente no fue haber tomado precisamente ese libro que en mi adolescencia había adquirido ilícitamente -por una razón u otra, pues la verdad no le encuentro sentido al por qué mi Papá no me lo habría prestado, quizás por algún reflejo de rebeldía- lo sorprendente, para mi, era la  dedicatoria que tenía escrita sobre la segunda hoja firmada por mi mamá para mi Papá. No creo haber tenido conciencia a los 14 años del significado de una dedicatoria, quizás la pasé por alto en ese momento pues solo me interesaba el contenido algo romántico y cursi que tienen mucho de los poemas de Benedetti, si recuerdo haberlo leído y recuerdo haber tenido aquel libro sobre la mesa de noche entre la cama de mi hermano y la mía durante algún tiempo, pero la dedicatoria, de esa no tenía ninguna referencia en mi memoria ¿Cuántas veces, pienso ahora, omití esa página? quizás si la hubiera visto, hubiera tratado de regresar el libro a su biblioteca y dueño original una noche sin que se diera cuenta, pero quizás también –tratando de ver lo positivo de todo esto- le ahorré discusiones innecesarias con futuras compañeras de vida, porque una dedicatoria siempre es una declaración de amor, de amistad, pero también es la representación de un momento exacto, por eso lleva fecha, lleva un día, un mes y un año, para expresar, que ese día, de ese mes, de ese año, esto era lo que se sentía, lo que se pensaba.  Y seamos realistas, nadie quiere tener en su biblioteca libros dedicados por otros amores a nuestros compañeros, pero se aceptan y preferimos mirar para otro lado y simplemente suponer que ese libro no existe u omitir intencionalmente esa página que ya es historia. Nadie tiene el derecho a hacer un reclamo por una dedicatoria del pasado.  El caso es que allí estaba esa dedicatoria, hermosa, escrita por mi Mamá unos tres años antes de la separación definitiva, era una dedicatoria de amor evidentemente y al parecer no había una ocasión especial que ameritara ese regalo.  La fecha: 17 de abril de 1986, fecha que por lo menos para mi no tiene sentido,  fecha que quizás haga parte de esos secretos amorosos que se acumulan  con los años y que jamás sabremos encontrarle razón los que somos o fuimos ajenos a esos momentos, no lo se.  Ahora lo que pienso es en mi Papá, pues él era el dueño del libro.  En mi caso, los libros que tienen dedicatorias hechas para mi, los guardo con mayor interés, intento protegerlos, porque al fin y al cabo esas dedicatorias cuentan la historia de nuestras vidas. Quiero creer que mi Papá debió haber buscado ese libro en algún momento de nostalgia, y debió buscar esa dedicatoria, y no lo encontró, pues yo lo había tomado, sin quererlo usurpé de su vida un instante  ya lejano de algo que pareció ser tan hermoso. ¿Cuántos otros libros no tendrían una dedicatoria semejante, también hecha por mi Mamá? ¿cuántos libros no le dedicó mi Papá a mi Mamá y aún se encuentran allí entre tantos otros libros perdidos? Quizás estén guardados secretamente en sus respectivas bibliotecas, agazapados entre otros libros que ni ellos mismos recuerdan.  Estoy seguro que si alguien siguiera todo  ese rastro de tinta se podría ver el sentido de tantas cosas, como lo es esa fabulosa intención de quedar en la memoria.

Funciona casi como una fotografía: encontrar uno de aquellos libros que con el pasar de los años ya habíamos olvidado, y que está allí entre nuestra biblioteca, en medio de otros tantos libros, acumulando polvo, adquiriendo ese olor de los libros viejos, abrirlo, hallar sorprendido esas pocas palabras que llenan menos de media página, entender los códigos, las claves , los juegos que muchas veces esconden esas frases, revivir ese instante, ese momento, pensar un poco, reflexionar con algo de melancolía lo que fue, luego cerrar el libro para atrapar de nuevo ese paisaje luminoso de un segundo, paisaje que con solo los años volverá a ser descubierto, por uno mismo o por otra persona. Tantos libros que me han regalado, y los que más aprecio, los que más me han marcado, los que siempre llevo conmigo son aquellos que en sus primeras dos páginas, llevan escrito con la tinta de la memoria, un pequeño mensaje, el exordio de un fotograma de la vida y de las personas que hacen parte de ella.

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3 comentarios to “Dedicatoria”

  1. brujjilla Says:

    Todos los libros que tengo son especiales para mi, pero debo reconocer que lo que escribes es cierto. Aquellos que me regalaron con dedicatoria marcan un determinado momento de mi vida, ya por siempre inolvidable, gracias a esa dedicatoria 🙂
    Saludos

  2. Nicolas Says:

    Y bueno… yo me pregunto que ha estado haciendo el autor de este blog en los ultimos meses!!
    Por si es falta de ideas le envio unas recomendaciones musicales (claro que lejanos en calidad a la artista que se presneto en la embajada) http://www.radiopachone.org/home/2013/06/26/el-cachano-y-los-hipaquirenos-en-bogota/

    Un abrazo

  3. Nicolas Cuervo Says:

    Camilo, le “dedico” (o mejor dicho le recomiendo) este programa de radio, a ud que le gustan todas las perspectivas post/neo/trans…-marxistas.
    http://www.franceculture.fr/emission-la-suite-dans-les-idees-vers-un-horizon-commun-s-2014-04-26

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